Un recorrido por los edificios, plazas y jardines de Bilbao con espíritu de paseante y ganas de compartir lo que mi cámara es capaz de plasmar
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El complejo fabril cervecero, construido en Basurto, fue firmado por el arquitecto José María de Basterra y aunaba espacios productivos y un despacho de venta al público. Se seguía el modelo europeo de esa época en el que los edificios industriales cerveceros se rodearon de espacios lúdicos, jardines y parques al aire libre, que sugerían un ambiente idílico y buscaban la promoción del consumo de cerveza en las horas de ocio. En 1914 se autorizó la venta al aire libre de las cervezas de su elaboración en los jardines iniciales de dicho complejo, en los que existía en mitad de dicho espacio un quiosco en el que se vendía tanto cerveza en jarras como en barriles. No será hasta 1923 cuando se autorice la construcción de un conjunto de pabellones cubiertos dispuestos en terrazas, los conocidos “Jardines Iparralde”.
Hasta su derribo definitivo entre los años 1995 – 2002 dando paso en el año 2004 a la construcción de un centro de salud como epicentro de un conjunto de viviendas y jardines


La obra se encargó a Francisco Soriano Muguruza



En el año 1947 se construye este edificio adosado a la iglesia de San Vicente bajo la batuta de Jesús Rafael Basterreche Aguirre. Posteriormente, en 1971, se procede a una elevación de plantas bajo la supervisión de Jose Ramón Uribe Lastagaray.
Lo que fueran locales con el paso del tiempo pasaron a ser, en sus bajos, un cine: el cine San Vicente que fuera la sede inicial del Cineclub FAS de larga solera en la ciudad.

Es en 1995 cuando pasa a su actual destino que es ser la sede del Kafe Antzokia, local de referencia en la villa donde lo mismo te tomas un menú del día al mediodía que acudes a un concierto a la noche ya que actualmente conserva la estética de un antiguo teatro. El resto del edificio se dedica a euskaltegi ya que el proyecto global comenzó antes, impulsado por la reflexión de un grupo de trabajadores del ámbito de la enseñanza de euskara para adultos: fuera de las aulas del euskaltegi los alumnos carecían en Bilbao de la posibilidad de relacionarse en euskara y, para poder avanzar mejor en el aprendizaje necesitaban de momentos y lugares en los que el ocio y las relaciones naturales pudieran darse en euskera.




Todo comenzó con la referida moción del capitular Norzagaray presentada en el Pleno del Ayuntamiento bilbaino el 13 de febrero de 1879. Justo es decir que la motivación fundamental de la propuesta apuntaba a la sustitución del viejo hospital por otro que habría que construir con las características propias que las nuevas técnicas médicas y quirúrgicas demandaban y con una amplitud y capacidad tales que permitieran atender adecuadamente a una población que iba más allá del estricto término municipal de la Villa. Justo es decir, y la prueba de ello es la aprobación por unanimidad de la propuesta, que tales planteamientos respondían a claros sentimientos unánimes entre las clases rectoras de la población
Pues bien, en esa moción, que apuntaba a la erección de un moderno nosocomio, se contenía también la necesidad de la creación de una Casa de Socorro en el Ensanche con un evidente propósito: conseguir una adecuada atención de los casos más urgentes para los que, en aquellas circunstancias, el desplazamiento al viejo hospital de Atxuri comportaba serios y acaso, insolubles problemas.
Aunque la inmediata aprobación de lo expuesto supuso la puesta en marcha, en los términos expresados, de los proyectos propuestos, lo cierto es que la creación de la Casa de Socorro en el Ensanche fue investida de la máxima prioridad. Para ello se procedió a solicitar a la Comisión de Policía el correspondiente estudio relativo a la organización y establecimiento de la misma con todo el material instrumental y humano, médicos y enfermeros, adecuado. Fueron varias las vicisitudes que, de todos modos, sufrió el proyecto hasta que, dieciocho años más tarde de la fecha en que se presentó la moción, se encargó a Enrique Epalza la redacción de un proyecto de nueva planta para lo que pasó a denominarse Laboratorio Químico Municipal y Casa de Socorro. A la construcción de la misma se destinó un terreno, propiedad del Consistorio, próximo a la iglesia de San Vicente en Abando. Justo es decir que, previamente, se había instalado una Casa de Socorro en el entorno de la zona de Albia y, en concreto, en la manzana 12 del ya referido Ensanche, en la calle Ledesma y más particularmente en la denominada “Casapalacio de Eustaquio Allende-Salazar” finca que, a tal efecto, había arrendado el Ayuntamiento de la Villa. La notable aceptación y los resultados relativos al uso de la misma por la población fue, en todo caso, lo que abrió el camino al desarrollo del proyecto más ambicioso cuyo resultado final, en lo material, fue el edificio que hoy conocemos en el emplazamiento que antes hemos citado.
Se le hizo, pues, a Enrique Epalza el encargo de llevar a cabo el proyecto y la ejecución de un Laboratorio Químico y Casa de Socorro para el que, lógicamente, redactó los correspondientes planos. A la vista de los mismos el Ayuntamiento convocó el preceptivo concurso público para la construcción del edificio que, en último término, fue adjudicada a Gregorio Iturbe Aldaluz el 27 de junio de 1899. El proyecto desarrollado por el arquitecto se diferenciaría de manera relativamente sustancial de la obra definitivamente concluida. De hecho, la primera propuesta preparada por Epalza ocupaba la totalidad del solar que daba frente a la calle San Vicente y se manifestaba mediante un ejercicio formal con evidentes connotaciones modernistas y en el que aparece el juego del ladrillo y de la piedra, característico de muchas de las fachadas de su autor. En la obra concluida, en cambio, la fachada pierde su continuidad en el lateral izquierdo para encajar, en un pequeño antuzano, la puerta que correspondería al acceso a las dependencias del laboratorio y mantiene la puerta principal, exclusivamente, para la Casa de Socorro. Igualmente, en altura, el edificio se dotaba de un semisótano sobre el que se disponían las tres alturas en las que se desarrollaba el programa al igual que ocurría en el proyecto inicial. También, en la interpretación formal de las fachadas desaparece el juego entre el ladrillo y la piedra que es sustituido por un tratamiento todo él en materiales pétreos que diferencian las distintas plantas mediante los despieces y la estereotomía del propio material. Se reduce, además, el cuerpo central, sobre el que se desarrollaba la composición del primitivo proyecto, a una simple inflexión en la puerta principal manteniendo un ritmo igual e indiferenciado en los huecos de las plantas superiores. Fruto de tales transformaciones, la imagen estilística del edificio nuevo rehuye el carácter ecléctico de la arquitectura, habitual en las construcciones del momento, para situarse en el terreno de un modernismo cuyos peculiares acentos acusan, sin paliativos, la autoría de tan singular arquitecto.
Se trata, de todos modos, de un edificio elegante (salvando la cubierta metálica añadida en años recientes) en el que, además de manifestarse el valor de un ejercicio compositivo, se ponen en evidencia una serie de cualidades funcionales que constituirán la referencia insoslayable de la mayor parte de la arquitectura de Enrique Epalza. Sirva como ejemplo de esta aportación funcional, en el desarrollo del proyecto de la Casa de Socorro, la interesante solución de la sala de curas adoptada por el autor. Es, en cualquier caso, el edificio que comentamos, la construcción que se nos es dado, hoy en día, contemplar en el contexto y en el entorno de la iglesia de San Vicente de Abando. Construcción que, por otra parte, además de atestiguar su valor arquitectónico e histórico para el Bilbao actual, sigue prestando un imprescindible servicio como Centro de los Servicios Médicos Municipales en continuidad con aquella función que, desde finales del siglo XIX, ha venido aportando a los habitantes del Ensanche y, en general, del conjunto de la Villa. (Texto de Elías Más en el periódico Bilbao)










La antigua sede del Servicio de Desinfecciones, ubicado en la calle Zankoeta, en el bilbaino barrio de Basurto. Ricardo Bastida, arquitecto municipal en aquellos tiempos, desarrolló. en 1916, un trabajo sutil que, aún hoy, sorprende por la sencillez y la elegancia de la construcción destinada, a su vez, a un cometido sanitario arduo y de escasa relevancia en la vida urbana representativa.
Eran, por otra parte, tiempos complejos y complicados aquellos del comienzo del siglo XX. En especial en una ciudad en la que, el desarrollo de la industria y la aglomeración, en determinados barrios, de una ingente cantidad de clases poco favorecidas, sometidas, además, en muchos casos, al hacinamiento, había desatado, en las fechas relativamente recientes del final del siglo anterior, las alarmas de las epidemias y la subsiguiente mortandad entre sus habitantes.
Cuatro importantes epidemias de cólera habían asolado a Bilbao desde la mitad del siglo XIX hasta el final del mismo. Todo ello había suscitado la lógica inquietud entre la ciudadanía y, en particular, dentro de la clase médica que reaccionó, de manera singular frente a las situaciones creadas. El cólera en Bilbao Fue poco antes de la tercera epidemia de cólera que afectaría a la Villa, es decir hacia 1884, cuando se puso en funcionamiento, por parte del Ayuntamiento de Bilbao, el denominado Servicio de Desinfecciones. A título de ejemplo, para valorar el interés de la instalación, señalaremos que la epidemia de cólera de 1893 había aparecido en Bizkaia a raíz de la entrada de un paquete de ropa infectada desde Inglaterra. Así pues, el Ayuntamiento, en el citado 1884, de acuerdo con la recomendación de la Junta de Salubridad instaló en la Estación de Abando o del Norte un centro de fumigación para las mercaderías que llegaran de las diferentes zonas infectadas por la epidemia.
Más adelante, y ante la efectividad del planteamiento, se decidió la creación de un centro de desinfección fijo en la inmediatez de los pabellones existentes afectos al Hospital de Mena. Esta instalación pasaría a ubicarse, con posterioridad, en las inmediaciones de Zabalbide. Ya entrado el siglo XX y en una inspección realizada por Indalecio Prieto y el Jefe de los Laboratorios Municipales, la situación de los malos accesos y la proximidad del vecindario hicieron que, en el informe subsiguiente emitido por los referidos señores, se instara a considerar la instalación del Servicio en un lugar más remoto, y alejado de los núcleos más poblados. El proceso de desinfección era variado, según los casos, pero atendiendo al fin único que no era otro que el tratamiento de los productos, de los lugares o de las personas mismas. En cuanto a las mercancías, el criterio de actuación exigía la exposición de las mismas a vapores sulfurosos durante 3 horas o, en su caso, a la utilización de una estufa seca a alta temperatura. Otro método hacía referencia a los domicilios, en los que, en su caso, se procedía a un lavado, a fumigaciones y posteriores blanqueos. En fin, también se preveía mediante baños, el tratamiento de enfermos y el lavadodesinfección de la ropa. Respecto de esta última se disponía, asimismo, de un horno para la incineración de la que se estimara procedente. Parece, en todo caso, que las epidemias fueron cediendo, en su presencia o en su virulencia, en la Villa. No cabe duda que las importantes obras sanitarias realizadas, de las que su referencia más emblemática es el Hospital de Basurto, del que ya hemos hablado en estas páginas, desencadenaron el control definitivo de este azote para la población. Pero no fue sólo ello. La encomiable actitud de la generación médica de aquellos momentos y la predisposición de los políticos que estaban en las instituciones, preocupados por desterrar aquella suerte de hecatombes, hicieron posible tanto los programas de construcciones sanitarias, como, lo que es tan importante como aquellos: la fijación de normas, reglamentos y, en definitiva, costumbres que prepararon y protegieron a la indefensa población ante estos avatares.
A esto, y no a otra cosa, respondió el traslado del Servicio de Desinfecciones a la zona de Basurto, y a la provisión, para el mismo, de los medios e instalaciones más adecuadas de acuerdo con los criterios más avanzados de aquellos tiempos. El proyecto del nuevo centro fue encargado, en 1916, como ya hemos dicho, a Ricardo Bastida quien contó, además, en lo referente a la técnica sanitaria, con la inestimable ayuda del Jefe del Laboratorio Municipal Sr. Echegaray. El Centro de Desinfecciones empezó a funcionar el 6 de octubre de 1918, es decir, hace poco más de 90 años. Bastida, por aquel entonces, había desarrollado ya importantes proyectos municipales, atendiendo, en alguno de ellos, aspectos relativos a la higiene y la sanidad de la población. El solar que se destinó a la construcción del Centro de Desinfecciones se hallaba ubicado en una de las manzanas del Proyecto de Ampliación de Ensanche, aprobado apenas hacía una década. Dentro de la forma de trapecio del terreno, el arquitecto resolvió en tres cuerpos, separados por dos accesos y las correspondientes calles para vehículos, el programa previsto para el desarrollo de las funciones del servicio municipal. Este esquema permitía una entrada independiente para los productos afectados y una salida para los ya tratados. En el cuerpo central se disponían las instalaciones para la desinfección. La estructura arquitectónica de dichos cuerpos, desarrollados en forma longitudinal, es sencilla: de un solo vano los pabellones extremos adosados en medianería a la edificación colindante y de dos vanos el cuerpo central. La altura del Centro de Desinfecciones es de una sola planta, en general, con la salvedad del citado cuerpo central que, en su alzado a la calle Zankoeta y en una profundidad de una decena de metros, o poco más, presenta el levante de un piso, destinado a usos del personal adscrito al servicio. Este cuerpo central junto con el resto de la fachada de una sola planta a la referida calle se manifiesta con una rotundidad volumétrica y una elegancia constructiva singular. El magistral uso por Bastida del ladrillo y de la cerámica cristalizó en un edificio, afortunadamente preservado hasta el día de la fecha, cuya presencia, frente al también excelente edificio del Colegio de Basurto, dignifica, de manera notable, una zona que, en principio, tanto por su ubicación como por su destino, podía haber parecido abocada a manifestarse como un ámbito suburbial más de Bilbao. En este sentido, el entorno del edificio se fue construyendo y densificando con el correr del tiempo hasta hallarse, como en la actualidad, rodeado de construcciones de diversa índole. Sin embargo, aquél, sigue siendo una referencia para la zona, para la ciudad y para el patrimonio arquitectónico bilbaino. Parece, a tenor de los proyectos de los últimos tiempos, que su destino final no será otro que el de constituirse en un equipamiento cívico para el barrio de Basurto; lo que, sin lugar a dudas, y contando con una cuidada rehabilitación, dignificará a esta casi centenaria fábrica a la vez que mejorará, aún más, si cabe, el entorno urbano en el que se inscribe. (texto de Elias mas en el periódico Bilbao)
El centro municipal de Zankoeta, ubicado en la Calle Zankoeta 1, supone la rehabilitación y ampliación de un edificio existente (antiguo Centro de Desinfección) para uso público, y se hace sobre la base y el criterio del máximo respeto al autor de la obra original, el arquitecto Ricardo Bastida, y a su legado. El responsable de la intervención fue el arquitecto José María Menchaca y el centro abrió sus puertas al público en 2009.
El reto era cómo intervenir sobre un edificio perteneciente a otro momento cultural e histórico, diseñado para un uso concreto, dando una respuesta adecuada a las nuevas necesidades funcionales, culturales, vivideras y tecnológicas del presente. En definitiva, reconvertir su uso sin menoscabo de sus valores arquitectónicos.
El edificio original es uno de los pocos ejemplos de arquitectura modernista en Bilbao, con referencia directa a la fachada del convento de las Teresianas de Barcelona, obra del arquitecto Antonio Gaudí. (texto de Francisco J. García de la Torre y Bernardo I. García de la Torre en Bilbaopedia)




















El Teatro Campos Elíseos Antzokia, popularmente, El Campos y la Bombonera de Bertendona, es un teatro ubicado en la calle Bertendona . Inaugurado en el año 1902.
Su construcción data de principios del siglo xx, entre los años 1901 y 1902, en plena expansión del ensanche bilbaíno en base al proyecto del arquitecto local Alfredo Acebal. El teatro fue erigido a instancias de su primer propietario, el empresario Luis Urízar Roales, hijo del prohombre bilbaíno Luciano Urízar Echevarría.
En el edificio destaca su fachada diseño del vasco-francés Jean Batiste Darroquy, ricamente decorada, que es la referencia exterior de esta pieza importante de arquitectura modernista en el País Vasco. El teatro está catalogado como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.
Siguiendo los planos de Alfredo Acebal, el 3 de mayo de 1901 daba comienzo su edificación sobre los terrenos que entonces ocupaban los Jardines de los Campos Elíseos (desaparecidos a mediados del siglo xx), siendo inaugurado el teatro un año después, el 7 de agosto de 1902. El diseño de Acebal se complementó con el que hizo Darroquy para la fachada principal. Todo ello en el más puro estilo modernista con decoración «art nouveau» en la que destacan las cerámicas del eibarrés Daniel Zuloaga.
El diseño original fue cambiado por su autor antes de acabar la obra. Años después, en 1920, Félix Agüero construyó una nueva escalera de acceso que en 1943 sería cambiada por otra junto a la reforma de los accesos de público realizada por Manuel Cabanyes, al haberse vendido el espacio de la escalera imperial de acceso al primer piso y del vestíbulo o foyer. También se demolió todo un pabellón para conseguir tres nuevas alturas.
El elemento externo más relevante es la fachada principal, por la cual recibe el apelativo de bombonera. En ella destaca el gran arco de herradura de resonancias orientales que circunscribe las puertas de acceso del público. Muy decorada con muchos motivos naturistas, con animales fantásticos y estilizaciones vegetales, incorpora aplicaciones cerámicas con motivos mitológicos. Es obra del vasco francés Darroquy y las cerámicas son de Daniel Zuloaga.
La fachada está realizada en hormigón portland que se importó desde Inglaterra. Los elementos de hormigón se anclan en un muro de ladrillo. De esta forma su realización es independiente del resto del edificio.
En abril de 1978 una bomba puesta por ETA militar en el patio de butacas causó grandes daños al teatro. ETA intervino con esta bomba en el conflicto laboral que mantenían los trabajadores del teatro con sus propietarios, la empresa Trueba, los cuales mantenían una huelga de dos meses de duración. Los arquitectos Rufino y Pedro Basáñez realizaron las obras de reparación tendentes a conservación y restauración del edificio que se reinauguró en agosto de 1980.
Durante algún tiempo, el década de los años 90 del siglo xx, fue sede de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. En 1991 lo adquirió el ayuntamiento de Bilbao y en el año 1994 el ayuntamiento encargó a Jesús Aldama Echebarría obras de consolidación del edificio de carácter estructural para resolver dos problemas graves: las filtraciones del agua de lluvia a través de los muros y la estabilidad de la estructura. La solución aportada por Aldama fue la de realizar una nueva cubierta que «cosiera» el edificio. Estas obras se realizan entre los años 1995 y 1997.
Se rehabilitó la fachada en 1997 y quedó pendiente, por problemas presupuestarios, el interior. En el año 2002 se trató de nuevo de la recuperación del edificio.
En el año 2003 la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) firmó un acuerdo con el ayuntamiento de Bilbao para la restauración y rehabilitación integral de teatro. En él, el ayuntamiento y la SGAE participaban al 50 % del teatro quedando la gestión en manos de la Fundación Autor, de la SGAE, por un plazo de 30 años a cambio del pago de un canon.
La reforma fue proyectada por la Fundación Labein y la realizó el Gabinete de Arquitectura del Ayuntamiento de Bilbao junto a un arquitecto delegado por la SGAE. La reforma integral del teatro respetaba el estilo arquitectónico y la decoración original, pero incrementaba espacios y volúmenes y actualizaba todas sus dotaciones e instalaciones para las más modernas técnicas representativas.
La remodelación hace pasar al teatro de tener 5000 metros cuadrados a 7300, incrementando la altura del edificio e integrando un edificio de viviendas contiguo. El coste total se ha situado en 27 millones de euros.7 Tras varios retrasos en el proyecto, el 11 de marzo de 2010 se inauguró el «Teatro Arteria Campos Elíseos Antzokia» integrado en la red de espacios escénicos Arteria, dependiente de Fundación Autor de la SGAE.
El 15 de agosto de 2017 se anunció el traspaso de la explotación del teatro a la empresa de nueva creación formada por Clece, encargada de los Teatros del Canal y el Auditorio del Escorial; y el Grupo Marquina, que lleva el recinto del mismo nombre y el Príncipe Gran Vía, a expensas de obtener el visto bueno del Ayuntamiento.
La nueva sociedad gestora es Klemark Espectáculos Teatrales. El teatro sale de la red Arteria y se vuelve a denominar Teatro Campos Elíseos Antzokia. (texto de la Wikipedia)
Cuentan las crónicas que se inauguró el 3 de mayo de 1901, con la ópera Rigoleto, en cuya actuación cantó el tenor Florencio Constantino. Los techos de la sala, así como el telón principal y decorados, fueron pintados por Muriel en verde y oro. Disponía de 1.430 butacas, 18 plateas, 21 palcos, 387 butacas de anfiteatro y 474 sillas en paraíso. En algunas épocas, fuera de temporada, montaban en su interior una placita de toros, donde se realizaban novilladas para entretenimiento del personal. Luego les cuento otro vínculo taurino en esta calle.
En innumerables manuales de la historia local consta que el teatro de los Campos Elíseos sufrió un incendio a poco de su inauguración, el 3 de mayo de 1901. El dato es falso. Nunca hubo tal incendio, porque la flamante sala se inauguró con toda la pompa posible el 7 de agosto de 1902. A lo mejor tal confusión viene dada porque en los jardines que dieron nombre al nuevo coliseo sí se quemó una placita de madera en cuyo interior solían correrse reses emboladas. El salón de descanso fue demolido en 1946 para dar paso a un edificio en cuya planta primera se instaló la sede social del Athletic de Bilbao; el arquitecto del edificio fue Javier Barroso y se inauguró a principios de 1950. El 28 de abril de 1978 la explosión de un artefacto destruyó gran parte del inmueble. Fue remodelado bajo la dirección de los arquitectos Rufino y Pedro Basáñez, inaugurándose en agosto de 1980. (Texto de Jon Mujoka en Deia)









El edificio de Correos ocupa el frente de una manzana del Ensanche, con su fachada principal hacia la Alameda Urquijo y las laterales hacia las calles Bertendona y Euskalduna. Posteriormente un estrecho callejón lo separa del Teatro Campos Elíseos. Fue proyectado por Secundino Zuazo en 1927.
En 1925 se celebró en París la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas, que tuvo gran influencia en la arquitectura española y los jóvenes arquitectos que fueron adoptando una actitud más racionalista en sus proyectos. En esas fechas estaba en construcción el Palacio de la Música en Madrid, proyectado por Zuazo, quien a su vez visitó esa exposición y realizó un viaje a Holanda.
Por la definición de un volumen compacto y por la composición de sus fachadas, con la principal ligeramente curva acomodándose a la alineación del solar y achaflanada en sus laterales, puede considerarse como el primer ensayo de carácter urbano de Zuazo tras su viaje a Holanda. Se refleja al exterior la simetría de la composición interior, sin perder la unidad de sus tres cuerpos fundamentales. El tratamiento de los materiales, especialmente el ladrillo, y la limpieza de los paramentos hacen referencia a arquitectos holandeses como Berlage y Dudok.
Su simetría y el acceso a través del eje principal con el tratamiento barroco de la portada destacan su vocación de objeto urbano. La integración de los materiales de las fachadas (zócalo de piedra artificial, ladrillo visto y revoco) y la solución de los chaflanes laterales en esquina suponen interesantes aportaciones arquitectónicas de Zuazo. Además la cubierta inclinada, apoyada sobre un sotabanco y rematada en un gran alero del más puro estilo montañés, acrecienta su personalidad. Posteriormente se abrió un nuevo acceso en uno de los chaflanes laterales.
Concebido como un bloque compacto, muestra el valor urbanístico de la arquitectura, adaptando de manera progresiva los valores tradicionales y evitando la experimentación. (texto de Francisco J. García de la Torre y Bernardo I. García de la Torre en Bilbaopedia)






Típica de esa época para los edificios esquineros con su torreta y su chaflan donde descansa la personalidad del edificio. Es de 1946 y es obra de Hilario Imaz Arrieta, Germán Aguirre Urrutia y Jose Mª Sainz Aguirre





Haciendo chaflán entre las calles Plaza del Museo y Juan de Ajuriaguerra, este elegante edificio de 1945 obra de Anastasio Tellería Arana y de Gonzalo Cárdenas Rodríguez en línea con el estilo predominante en esa época







Se trata de un edificio situado en en Casco Viejo de Bilbao. Construido en 1924, uno de los primeros edificios construidos en estructura de hormigón de la ciudad. Es obra de Adolfo Gil Lezama. Concebido inicialmente como un edificio de viviendas, también alojo en sus dos primeras plantas y el sótano, unos almacenes de ropa emblemáticos en la ciudad, Almacenes Zubicaray. Justo frente al Puente de la Merced y junto a al precioso edifico de la calle Merced 2 dan la entrada al Casco Viejo
Tras el cierre de los almacenes entró en un deterioro progresivo hasta que se compró para instalar en él un hotel de la cadena TAYKO. La rehabilitación del edificio ha corrido a caro de Angulo Arquitecto con Borja Angulo al frente finalizándola en 2019
«Proponemos una actuación respetuosa, que lleve a valor el edificio y potencie su carácter patrimonial. Dos patios pequeños y uno más grande, resuelven la necesidad de luz y ventilación de las estancias interiores de la planta. Aún a pesar de perder algunos metros de aprovechamiento, promotor y estudio optamos por unificar en un solo patio el grande y unos de los pequeños, e introducir un sistema de pasarelas que resolverán el flujo horizontal de las habitaciones.»